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Esta es una Teoría  Psicológica que me permitió finalmente tener una mirada humana e integral del ser humano.

En donde no veo al paciente sólo en sus síntomas o sus aspectos disfuncionales, sino y sobre todo, en función de su potencial, de sus recursos internos desconocidos por él mismo.

Estoy firmemente convencida que dentro del ser humano no hay nada malo “per se”.

Son tan solo parte chiquitas y  poco evolucionadas que si son aceptadas compasivamente y “escuchadas” por uno mismo, pueden ser modificadas e integradas funcionalmente.

Por lo tanto, invito al paciente a ampliar la conciencia de sí mismo, utilizando la auto-observación en el aquí y el ahora, para poder darse cuenta de sus propios patrones de conducta y para que pueda conectarse con su verdadera estructura esencial.

Para ello deberá primero tomar conciencia de todos los mandatos y condicionamientos  que rigen su ser desde el momento del nacimiento.

¿En qué consiste este condicionamiento?

Cuando veo a un bebé recién nacido siento que es lo más cercano a la perfección que un ser humano puede llegar a ser: todas las potencialidades están en él… Pero ya cuando sus padres lo toman en brazos por primera vez, con todo su amor pero también con todos sus valores, creencias, deseos insatisfechos que ese bebé podría satisfacer y sobre todo con sus conflictos no resueltos, comienzan a moldearlo a su manera, con sus “deberías” y “tendrías” y le dicen: “esto sos vos”. Y por supuesto ese bebé lo cree…

Así se va convirtiendo en niño, luego en adulto y finalmente en anciano creyendo que todo lo que sus padres, familia y sociedad decían de él era su verdadera personalidad, su verdadero yo, y por lo tanto, imposible de cambiar (sin darse cuenta que era solo una mirada parcializada de él mismo). Y por supuesto, actuaba de acuerdo a esa creencia y la confirmaba día a día, en cada acto, en cada pensamiento. Aunque le hiciese sufrir, aunque se tropezase siempre con las mismas piedras, aunque se equivocase sin permitirse aprender nunca otra forma distinta de actuar…

Como todos nacemos con una gran necesidad de amor y aceptación de nuestros padres, vamos incorporando esos mandatos como si fueran nuestros (nos identificamos con ellos) llegando a creer que realmente somos eso que nos dicen.

En ese proceso vamos escindiendo aquellos aspectos que sí nos pertenecen, todo ese inmenso potencial con el cual nacimos.

A lo largo de los años, ya no necesitamos el castigo exterior si respondemos distinto de lo esperable, sino que nos vamos convirtiendo en nuestros propios auto-censuradores y auto-castigadores.
Nos peleamos con esas partes nuestras que no se ajustan al ideal de lo que querríamos ser (o lo que creemos que los demás quieren que seamos) y terminamos auto-mutilándolos, produciendo de esta manera los síntomas y dolores que acompañan nuestra vida. 

Creándose así los síntomas que nos van mostrando que hay cosas en nuestra vida que no estamos pudiendo manejar. Síntomas de lo más diversos: miedos, angustias, ansiedad, fobias, ataques de pánico, problemas alimenticios, síntomas psicosomáticos, estrés, etc, etc.

¿Cómo salimos entonces de este círculo enfermante?

La Psicología Transpersonal nos muestra que la única manera es desarrollando lo que se llama la Conciencia Testigo. Ir ampliando la propia conciencia de sí mismo en un  auto-observarse en el aquí y ahora. Comprendiendo el pasado que nos formó pero actuando en el presente para modificar las respuestas automáticas adquiridas. Pudiendo tomar distancia sin criticarse, sin juzgarse, e ir así aprendiendo algo que nunca nos enseñaron: a aceptarnos compasivamente como verdaderamente somos.

Esto no significa ser auto-condescendientes, ni tener lástima de sí. No. Significa aceptar gentilmente, amorosamente, aún aquellas cosas que no nos gustan de nosotros.

Con esta nueva mirada, podemos lograr así una verdadera auto-aceptación de nosotros mismos, primer paso escencial para poder luego modificarnos.

Ya la física cuántica ha demostrado ampliamente cómo el observador modifica lo observado. Por lo tanto, el hecho de observar lo menos querido de nosotros mismos y aceptarlo concientemente,  ya lo va transformando.

Y cuando esto se produce, tenemos en nuestras manos una herramienta esencial para construir nuestra vida: el poder de la Elección.
Elegir en cada momento si voy a volver a repetir ese pasado que tanto me hizo doler, o por el contrario, si voy a buscar dentro mío otras salidas más creativas. Y cuando comprendemos que podemos responder distinto y a favor nuestro, surge una nueva fuerza y sobre todo una nueva valoración de sí mismo

Como bien decía Erich Fromm: “La enfermedad consiste en elegir lo que no es bueno para nosotros”.

O sea que el sentido final de mi trabajo es acompañar a la persona es este maravilloso auto-descubrimiento y dándole las herramientas necesarias para que pueda tener una mejor vinculación consigo mismo y con el entorno y que aprenda a usar sabiamente su poder de elección.

Y de esta manera podrá, tal vez por primera vez, tomar contacto con su verdadera Espiritualidad:  tener  una vida significativa y existencialmente provechosa, que siempre tienda a la autorrealización.

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