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El asistente interior

Ésta es una técnica creada y desarrollada por el psiquiatra argentino Norberto Levy, uno de los iniciadores de la Psicología Transpersonal en la Argentina, para trabajar específicamente con las emociones.

Se basa en la creencia (totalmente compartida por mí misma) que no existen emociones  “buenas” o “malas”en sí mismas.  Esta valoración está dada desde la sociedad y actúa sobre nosotros por los condicionamientos a los que estamos sujetos desde el momento de nuestro nacimiento, creando una constante pelea interna para no sentir aquello que creemos que está mal, sin entender que todas las emociones existen dentro nuestro  y está bien que así sea. Cuanto más aceptadas e integradas tenemos todas nuestras emociones, más auténticos y responsables somos como individuos.

Como dice el Dr. Levy, las emociones (sobre todo las “desagradables”) son como señales de alarma que nos indican que existe un problema que no podemos ver y que hay que resolver y que al ser escuchadas y comprendidas actúan como nuestras aliadas en la resolución de dicho conflicto.

Dicho en sus propias palabras: “Solemos creer que las emociones son el problema. Que el miedo, el enojo, la culpa, etc., son los problemas que nos acosan. Y no es así. Se convierten en problemas cuando no sabemos cómo aprovechar la información que brindan, cuando nos “enredamos” en ellas y nuestra ignorancia emocional las convierte en un problema más”. (La sabiduría de las emociones; ed. Delbolsillo, 2003. Las negritas son mías).

También nos dice: “Todas las emociones están en continua interacción con la mente y sobre este vínculo existen muchos malentendidos. En general creemos que ambas son adversarias esenciales y que tenemos que elegir entre una u otra. Según por cuál optemos seremos mentales o emocionales. La relación esencial entre las emociones y la mente es de complementariedad y el conflicto surge cuando se desconectan de su condición de socias y se embarcan en una batalla sin solución en la que irremediablemente todos perdemos“. (Aprendices del amor, ed. Grijalbo, 2005. Las negritas son mías).

Para lograr esta coherencia e interacción, el Dr. Levy creó una técnica basada en la Gestalt, que consiste en “poner afuera” la pelea interna y poder así ver “en acción”  los malentendidos y confusiones con que diariamente nos enfrentamos de forma inconsciente.

Para poder comprender el mensaje de las emociones, tenemos que conocerlas:
– El miedo señala una desproporción entre una amenaza y los recursos con que se cuenta para resolverla.
– El enojo es el resultado de un deseo frustado por algún obstáculo.
– La culpa indica que hemos transgredido alguna norma de nuestro código moral.
– La exigencia es el nombre de una calidad de relación: la existente entre un exigidor y un exigido.
– La envidia es una señal de que hay deseos nuestros que están insatisfechos.
… y así con todas las emociones.

El Asistente Interior trabaja de la siguiente manera:
– Hay que identificar claramente la emoción con la cual se quiere trabajar viendo cómo es y cómo actúa ese aspecto dentro nuestro (por ejemplo un aspecto temeroso). Para ello le pido al paciente que me haga una descripción exhaustiva de algún momento en que sintió ese mismo temor como si lo dibujase en un papel.
– Luego lo hago imaginar que ese aspecto está delante de él (para ello conviene pre-establecer lugares físicos distintos) y le pido que me diga qué reacción emocional tiene al verlo, qué opina de él y qué le gustaría hacerle (esto sería encarnar al evaluador interno, la parte “castigadora” de nuestro inconsciente).
– Nuevamente cambiando de posición, le pido que vuelva a ponerse en el lugar del aspecto temeroso y ver cómo se siente al escuchar a su evaluador interno. En general lo que aparece es un incremento del temor provocado por la culpa que este último le hace sentir.
– Aparece entonces el tercer personaje que sería el asistente interior, que con la mayor comprensión y compasión le pregunta al aspecto interno qué necesitaría recibir (tanto en palabras como en acciones) de parte del evaluador para sentirse realmente comprendido y así poder crecer y fortalecerse.
– Se le pide al evaluador interno decir qué siente con lo que le ha dicho la parte temerosa y ver si puede modificar su actitud para poder ayudarla.

Este diálogo sigue así hasta que ambos personajes puedan recuperar el vínculo de cooperación eficaz que les corresponde como “socios del mismo equipo”.

Como se ve, esta técnica pone en el afuera, dramatizándolo, la pelea interna que tenemos constantemente con nuestras emociones menos agradables. Nos enjuiciamos, nos castigamos y aún más, podemos llegar hasta a auto-mutilarnos con tal de no sentir determinada emoción.

Ella nos permite ver claramente cómo se dan esos procesos, haciendo actuar a cada parte interviniente (la emoción que se siente naturalmente pero que se quiere cambiar por no verla como “adecuada”, el castigador que todos tenemos dentro y también esa parte nuestra más crecida, más comprensiva que puede ayudar a las más chiquitas a evolucionar).

Y así ya no hacen falta las palabras. La vivencia de la situación, el “darse cuenta” del drama interno que vivimos, trae sólo las respuestas adecuadas.

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